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Si fuera

lunes, 30 de septiembre de 2013

Siguiendo la convocatoria de la Srta. Ruthenmeyer, voy a dar a conocer un poco más de mí con este Si fuera... Ella nos daba la posibilidad de hacerlo con otras frases, pero a mí me parece interesante coger las suyas para poder compararnos. Creo que puede ser más divertido.

Pues acá va:

Si fuera una estación sería el invierno. Primero porque me gusta. Me gusta el frío, la nieve y el poder echarme encima mantas hasta límites insospechados. Pero además porque creo que para muchas cosas soy muy fría. A veces demasiado. Parezco la Reina de las Nieves... Así que, aunque el otoño me parece la estación más bonita, creo que yo tendría que ser el invierno.

Si fuera un color, siempre diría que el morado. Aunque últimamente mi alma me pide más azul, porque me ofrece mucha paz.

Si fuera una flor sería un tulipán, sin duda alguna. Me encantan en general las flores que nacen de bulbos, como los jacintos o los narcisos trompeta. Pero me quedo con el tulipán, que encierra mucha belleza en más sencillez que los otros dos.

Si fuera un mes... mmmmm. Esto es más complicado... Quizá diciembre porque hace frío y alberga las fiestas que más me gustan: las navidades. Las disfruto como una enana y sé que en cuanto Mollete crezca un poco las volveré a vivir como cuando era niña :D

Si fuera una profesión... sería algo que pudiera hacer con mis manos. De esto me he dado cuenta tarde y ahora ya estoy hecha a mi profesión, que también me gusta. Pero creo que hubiera disfrutado más trabajando con mis manos.

Si fuera un animal... pues no lo sé. Me gustan en general los animales, pero no tengo pasión por ninguno en particular. Sin duda un mamífero, porque me identifico más con ellos. Quizá una pantera negra, como Bagheera. Sí, creo que me quedaré con ella.

Si fuera una prenda sería un gorro, porque me gustan. Me siento cómoda llevándolos y a la vez me dan calor en invierno y sombra en verano. ¡Útiles y cariñosos! Y me dan mucha seguridad.

Si fuera un perfume... pues no me gustan los perfumes en general. Si tuviera que elegir, algo que fuera fresco, que no empalagara. Algo ligero que pasara desapercibido, como me gusta a mí ir por la vida.

Si fuera un cosmético... madre, tampoco uso. Quizá un lápiz de ojos, para enmarcar una mirada, que lo dice todo. Mucha gente me ha dicho que yo con los ojos digo mucho: pues lo remarcaré, que hay mucha gente por ahí que no se da aún por aludida :D

Si fuera un cuento, sería La Reina de las Nieves. Ya he explicado porqué.

Si fuera un secreto... sería poca cosa.

Si fuera una joya... no me gustan. Así que me da igual qué podría ser, solo sé que elegiría algo que me hayan regalado desde el corazón.

Si fuera una actriz... difícil. No me gusta tener mitos de este tipo. Quizá me decantaría por alguna buena actriz que haya sabido envejecer y muestre ser sabia en esta vida. Meryl Streep sería una buena elección, quizá.

Si fuera un coche sería un escarabajo verde. Divertido y diferente.

Si fuera un libro sería El Señor de los Anillos: fantasía, magia, aventura, lucha, valores y preciosas descripciones. Lo disfruto cada vez que lo leo.

Si fuera una película... difícil elección... Un buen año. Me trae recuerdos de mi madre y de tiempos felices, y nos enseña a cómo hay que tomarse la vida... cuáles son las cosas importantes.

Si fuera un dibujo sería Peter Pan, el niño que no quería crecer. Ya no me ha quedado más remedio que aceptarlo, pero... ay, ¡lo que me ha costado!

Si fuera una chuche sería algo poco dulce. ¿Existe esa chuche? Algo que supiera quizá a vainilla... ¿Ideas?

Si fuera una canción... ¡me estoy dando cuenta de que canciones, libros y demás se me dan fatal! No puedo elegir una... Es que no sé... alguna de The Beatles, que ha sido el grupo que me enganchó desde pequeña, con el que aprendí a sacar las letras de las canciones en inglés. Quizá In my life, que expresa muchos de mis pensamientos y sentimientos recurrentes.

Si fuera un sentimiento, amor, puro y duro. Para repartir y para sufrir. Sufro mucho por amor, y no hablo solo de amor de pareja. Sufro porque quiero a mi hija también, y porque quiero a mi padre. Sufrí horrores porque quería a mi madre. Y así se escribe la historia de mi vida...

Imagen tomada de Design and harmony.

150 palabras: el estanque de frutas (armario, pez, pepino)

domingo, 29 de septiembre de 2013


Después de ordenar su armario, Sofía solía ir al estanque. Le gustaba chuparse los dedos después de meter la mano en el líquido porque era zumo de frutas: naranja y fresa. Pasaba muchas horas observando a los peces ya que eran todos muy curiosos. Había uno que se llamaba Pez Pepino, porque era largo y verde y tenía el morro más gordo que el resto del cuerpo. El Pez Escarola tenía el pelo rizado revoltoso y pasaba mucho rato en la peluquería del muelle intentando ponerse presentable. Pero nunca conseguía novia. El Pez Limón siempre estaba solo porque tenía un humor muy ácido que no gustaba al resto de los peces. El Pez Fresa era bipolar: a ratos dulce y amable, pero otras veces se comportaba igual que el Pez Limón. Y el pobre Pez Ciruela siempre andaba con retortijones. ¡Menudos personajes! Pero siempre se aprendían cosas nuevas de observarles.

La maternidad de la A a la Z: V de visto bueno.

jueves, 26 de septiembre de 2013


Y aquí está la lista de las cosas buenas que he ido recopilando desde que supe que estaba embarazada, para contrarrestar la lista de las cruces. Si no sabes de qué estoy hablando, lee esto antes de seguir.

Dar una V es dar un ¡hurra!, un ¡me encanta! y a la vez un gracias.

- V a mi chico, porque aunque ya sabía que sería buen padre me ha sorprendido con recursos que a mí no se me han ocurrido y que no pensaba que podrían ocurrírsele a él. Y por cuidarme tan bien como lo hizo durante todo el embarazo y por cómo sigue haciéndolo a día de hoy (¡espero que le dure! Qué cara que tengo...)

- Otra V para mi padre. Con él me pasa lo mismo que con Papá Mollete: sabía la ilusión que le hacía tener esta nieta, pero jamás imaginé el brillo que le aparece en los ojos cuando habla de ella y lo feliz que se pone cuando están juntos.

- Mi ginecólogo se merece otra V. Fue muy buen médico y buena persona. Supo no darle más importancia de la necesaria a mi polihidramnios (exceso de líquido amniótico que puede deberse a algún problema fetal, pero no necesariamente. En la mayoría de los casos no se encuentra explicación. Quizá algún día le dedique una entrada para que más mamás sepan de qué va, porque yo no encontré demasiadas referencias). Siempre tiendo a buscarle 5 pies al gato, a sacar lo malo de cada situación y no voy a negar que hubo días en que estaba convencida de que mi bebé venía con algún problema, pero su calma ante la situación me transmitió la suficiente confianza como para entender que lo lógico es que no fuera así.

- Quiero darle otra V a todos mis amigos, que no han desaparecido en el embarazo y maternidad (todos conocemos varios casos en que los supuestos amigos desaparecen cuando te conviertes en padre). Sobre todo a los de grupos en los que Mollete ha sido el primer bebé y en los que, de algún modo, desentonábamos. Han disfrutado con la situación y aunque el tipo de planes ha cambiado (por ahora), sabemos sacar el modo de seguir pasando ratos juntos y disfrutarlos. Supongo que también he tenido suerte de algún modo y la gente que no hubiera sabido sobrellevar esta novedad se cayó de mi equipaje unos años antes. ¡Y cómo me alegro de ello! Porque me sirve además para empezar a desligarme de un pasado que no termina de gustarme y que muchas veces me gustaría borrar. No os imaginéis cosas tremendas, pero es una época en la que no fui como yo soy de verdad y de la que de algún modo me arrepiento. Me gusta sacar lo bueno y quizá sin ese pasado no sería como soy hoy, y oye, en realidad ¡me gusta la Mamá Mollete que conozco! Pero por otro lado hubiera preferido que no fuera así... y tengo que reconocer que me está costando dejar de darle importancia y sacarlo también de mi maleta.

- Laura, mi fisioterapeuta en el período de la recuperación post-parto, se ganó otra V. Aunque como no tuve parto vaginal me evité varios de los problemas que podrían haber surgido de haberlo tenido, fue muy positivo conocer que existen fisioterapeutas de suelo pélvico que te ayudan a solucionarlos. Porque ojalá en el futuro pueda tener un parto vaginal y todo lo que aprendí con ella me será de gran ayuda, seguro. Vi que todo se puede tratar y solucionar, cuando muchas mujeres se resignan creyendo que son daños colaterales e inevitables del parto. ¡Nada de eso! ¡Más fisioterapia de suelo pélvico y menos Tena Lady, chicas! :D

- Otra V para los padrinos de la peque, porque la quieren con locura y se desviven por ella. Y sé que si algo nos pasa a Papá Mollete y a mí, la enana estará con las personas que mejor la van a cuidar.

- Una V enorme, ¡tan enorme tan enorme que podría ser una W!, para la niña de mis ojos. Por enseñarme una nueva dimensión del amor. Por su confianza en mí, porque se calma cuando está conmigo, porque se siente protegida cuando la abrazo. Porque me da un amor incondicional, porque me mira con ternura. Por sus miradas cómplices y su risa de alegría. Por sus caricias, sus besos y sus abrazos. Por enseñarme cosas nuevas cada día y ayudarme a ser mejor persona. Por haber aparecido en mi vida y hacerme sentir que ahora ya lo tengo todo y que solo por esto merece la pena vivir. Por permitirme quererla y hacer que mi corazón lata con más fuerza cuando pienso en ella o estamos juntas.

- Y qué leches, ¡me voy a dar una V también a mí! Porque todo el mundo dice que la peque es un encanto de niña, así que, por la parte que me toca, supongo que eso significa que no lo estoy haciendo tan mal para ser novata. 

La maternidad de la A a la Z: X de cruz.


Esta entrada de hoy va emparejada inevitablemente a la otra perteneciente a este diccionario y que también se publica hoy: la V, de visto bueno.

Tanto la V como a la X se refieren a los símbolos que solemos poner al lado de los elementos de una lista: una V para aquello que nos parece bien y una X para lo que no nos gusta y no queremos. Recomiendo empezar por lo malo, la X, para quedarnos con el buen sabor de boca que siempre aportan las cosas positivas.

Ahí va mi lista de cosas negativas que me han pasado durante mi embarazo y maternidad, o de las que me he dado cuenta en estos períodos:

- X a mi encabezonamiento en no leer nada de nada durante el embarazo. Sigo pensando que el embarazo y la maternidad son cosas naturales que al final nos salen de dentro y para las que todos estamos capacitados. Por eso no quería leer nada al respecto: estaba convencida de que sería capaz de hacerlo por mí misma y si no, llegado el caso, pediría ayuda y consejo a la persona que considerara más adecuada para ese problema particular. Y aunque estoy contenta con esta decisión en cuanto a la parte de maternidad y crianza se refiere, en las que he sido capaz de coger el rumbo que la naturaleza y el instinto me han ido mostrando (aunque ahora sí que lea para completar el conocimiento, pero una vez que mi instinto ha elegido el camino que quería llevar), no lo estoy tanto en cuanto al momento del parto se refiere. Mollete no quería nacer y a la semana 41 y 3 días me intentaron provocar el parto. Parece que no dilataba bien y el asunto acabó en cesárea. Quizá si me hubiera informado más hubiera sabido que el hecho de poner la epidural puede frenar el progreso del parto. Y quizá me hubiera percatado de que en el hospital tampoco me estaban dando suficiente tiempo para dilatar a raíz de las experiencias vividas por otras amigas (y estoy hablando de ausencia de sufrimiento fetal). Quizá sin esos dos factores mi parto hubiera progresado y Mollete hubiera venido al mundo por parto vaginal. No tengo pesar de que haya sido cesárea. Claro que hubiera preferido parto vaginal, por muchos motivos, pero es como se desarrolló todo y así lo acepto. Quién sabe, quizá sin la cesárea ni mi hija ni yo estaríamos ahora en este mundo porque aunque yo crea que el parto con más tiempo y sin la epidural tan pronto hubiera progresado, quizá no hubiera sido así.

- X al personal sanitario que me atendió tras el nacimiento de la pequeña. A mi ginecólogo, el que me llevó el embarazo, le pondré una V en la otra lista, pero no puedo hacerlo con las enfermeras y auxiliares que me atendieron en el hospital porque, aunque fueron siempre amables y de trato educado, me desanimaron con la lactancia. De entrada ya me dijeron que por tener el pezón plano no podría dar el pecho a mi hija más de 2 meses, si llegaba... No me desanimé, porque sobre ese tema sí había leído (lo que me reafirma en ponerme una X en no haber leído más sobre el parto), y salí dispuesta a ignorarlas. Pero el día que fui a urgencias por la subida de la leche (pequé de novata y aunque sabía que el pecho podía endurecerse me dio la sensación de que se ponía demasiado demasiado duro) la ginecóloga que me vio y la enfermera que estaba con ella volvieron, amablemente y de modo educado, a la carga con ese tema. A veces me dan ganas de pasarme por allí y decirles que con 19 meses mi hija y yo seguimos felices con nuestra lactancia y sin necesidad de usar las pezoneras que nos acompañaron en el primer mes y medio. No por venganza ni nada de ese estilo, no vayáis a malinterpretarme, sino para pedir que en lugar de minar la moral de las madres ofrezcan la ayuda necesaria para superar los problemas asociados a la lactancia, porque se puede lograr. Yes, we can! - que decía el "salvador" del planeta.

- Otra X para las personas que critican a las madres que dan el pecho cuando consideran que sus hijos son demasiado mayores.  No tienen ni idea de qué va el tema.

- Y otra X a las que critican a las mujeres que dan biberón a sus hijos, así porque sí, gratuitamente.

- X también para los que te miran mal y les molesta que no sigas sus consejos, que amablemente has escuchado, pero con los que no comulgas o no crees que sean los adecuados para tu manera de criar y educar a tus hijos. Los consejos no son obligaciones, son simplemente un parecer. Y se agradecen las buenas intenciones que tiene la persona que te los da, claro.

No me gusta remover mierda, que se dice. Supongo que siempre prefiero quedarme con lo bueno y por eso quizá ahora no sea capaz de añadir más cosas negativas a esta lista. Me voy a la lista de lo bueno para equilibrar la balanza.

Bugaboo cameleon: mi opinión.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Son 18 meses los que tiene ya Mollete y creo que tengo bastante experiencia tanto como con el Bugaboo Cameleon como con la silla de paseo, que es MacLaren. Dos productos con mucho nombre, de los que he obtenido una satisfacción totalmente diferente y opuesta.

En esta entrada trataré de plasmar mi opinión sobre el Bugaboo Cameleon. Y es sólo eso, una opinión de una persona que tiene sus propios gustos y manías; no es nada profesional ni técnica. Pero es fruto de la experiencia vivida.

¿Por qué nos decidimos por este modelo? Muchos amigos lo tenían y es cierto que se ve mucho por la calle. Lo suyo sería pensar que lo que abunda es porque es bueno, pero todos sabemos que a veces las modas nos dejan tontos y no pensamos. Por eso y porque éramos novatos y teníamos esa ilusión que te capacita para hacer una tesis doctoral en carros de bebé y lo que haga falta, miramos otros antes de decidirnos por este, que al final resultó un regalo.

Entre sus pros veo la manejabilidad: con una sola mano voy y vengo que da gusto. El cochecito gira sin apenas esfuerzo y puedo reconducirlo fácilmente por la senda correcta. Muchos pensarán que este dato es absurdo porque los carros se llevan con las dos manos, pero ¡ay, las situaciones que pueden darse en la vida! Yo he vuelto cargadísima de la compra, con un montón de bolsas pesadas, de modo que no me quedaban muchas fuerzas para ir manejando el carro. Recuerdo otra vez que llevé a la peque a la guarde y llevaba una mochila, dos bolsas cargadas en una mano y en la otra un cesto con un tronco de Brasil de mi altura. Aunque no os lo creáis es cierto. Y dentro de lo aparatoso de la situación pude llegar al coche bastante fácilmente, sin pegarme con el carro.

Otro pro es que es bastante ligero, o por lo menos a mí me lo parece. Fundamental a la hora de empujar y de cargarlo y descargarlo en el coche, que en mi caso eran varias veces al día. Son 9.6 kg, muy a la par que el Avio de Inglesina (9.5 kg) que tienen unos amigos y que nos ha sorprendido muy gratamente, algo más ligero que el Trío de Chicco y lejos de los 13 kg de algunos modelos de Bébécar, por poner algunos ejemplos. 

Para quien le guste el tema de la personalización, es muy personalizable, tiene muchos colorines y accesorios. A mi modo de ver esto no es importante, pero cada uno es un mundo. Y las opciones ahí están, para el que las quiera.


Otro factor que me impulsó a comprarlo es que una amiga me dejaba para el coche un Maxi Cosi que tenía adaptadores para el Cameleon. Un punto más a su favor.

El precio echa mucho para atrás. Sí no me equivoco, en España lo vende tan sólo un distribuidor, lo que le permite poner los precios que se le antojen, a mi modo de ver desorbitados. Pero cuando nosotros lo adquirimos lo vendían en una web holandesa, Baby trader, y con los gastos de envío incluidos nos ahorramos unos 300€. Esta página ya no lo trabaja y en el resto de productos no hay tanta diferencia de precio.

Un contra claro es que plegado ocupa mucho y se come el maletero. No me llamáis exagerada, que igual que os digo que sí que cabe en un Clio os digo que echa a perder el maletero de un Altea XL. Hombre, le puedes quitar las ruedas y la cosa mejora bastante, pero esto no es que sea una solución cómoda. Hay otros modelos que se pliegan más, dentro de que no puedes pretender que un capazo de pronto se minimice y parezca que no lo llevas en el maletero...

Hay gente que se queja de la mala calidad. Nosotros sólo hemos tenido problemas con la barra en la que se cuelgan los juguetes: se rompió el broche de uno de los lados, pero el servicio técnico funcionó muy bien. La única pega fue la tienda a la que pedimos que llevaran el recambio para recogerlo, que cambió de ubicación durante el proceso y no se molestó en avisar de este dato ni en avisarnos cuando llegó la barra. Tampoco cogían el teléfono. Fue muy molesto, la verdad, aunque finalmente conseguimos la barra. Pero Bugaboo funcionó muy bien. Por lo que vimos más adelante el tema de la barra debía de ser un problema de fabricación porque al cabo de los meses nos avisaron de que podíamos solicitar gratuitamente una barra nueva. Cosa que aprovechamos, faltaría más.

Como conclusión diré que de haber tenido que comprarlo a precios españoles supongo que no lo habríamos hecho a no ser que nos sobrara el dinero (y habría que verlo, porque a mí eso de pagar más porque sí... como que no me va), porque creo que en el mercado hay otras marcas muy competentes, con importes más bajos y con la silla del grupo 0 del coche incluida. Pero desde luego yo estoy muy contenta con el resultado.


Correr en libertad

martes, 24 de septiembre de 2013

Envidia es lo que siento cuando la veo correr, levantando sus pies más de lo debido, torpona, dejándolos de nuevo en el suelo sin medir la fuerza con la que los deposita. Echa a correr por el pasillo, la calle o el parque, y suena como si viniera toda una caballería, pero de elefantes.

No le importa a dónde va, ni cuánto tardará. Solo comienza a correr loca de velocidad, con el flequillo al viento, los brazos descontrolados o dejándolos atrás y una gran sonrisa de oreja a oreja. Se para, se pone la mano en la boca y echa una risita mientras se agacha tímidamente. Pone cara de pilla. Se gira y vuelve a levantar los pies para entregarse de nuevo a la carrera.

La envidio. Eso es libertad. La sensación de hacer las cosas por placer, sin preocuparse de nada más.



150 palabras: El bergantín justiciero (cordel, rumbo y brújula)

domingo, 22 de septiembre de 2013


¡Adelante, mis piratas justicieros! -gritaba con total convencimiento la Capitana Sofía, sosteniendo la brújula de latón que colgaba del cordel.

Un papagayo descarado canturreaba canciones piratas, martilleando la cabeza de todo el que iba a bordo. Con el rubio pelo al viento, la Capitana dirigía el bergantín a golpe de timón. Lo sujetaba con fuerza mientras inspiraba el húmedo aire que acto seguido empapaba sus pulmones. Disfrutaba con cada bocanada y saboreaba el olor mezcla de agua y de sal.

¡Rumbo a la Aurora Boreal! – indicaba a su tripulación. Es allí donde descansa el Caballero Don Lorenzo.

Os preguntaréis porqué Sofía quería llegar hasta allí. Pues bien: en los aposentos boreales se peina el Sol cada noche y sus rizos dorados y juguetones son recogidos por pizpiretas luciérnagas que los guardan en pequeñas cajitas de cristal con el fin de repartir su calor entre los corazones más tristes y fríos.



¿Cómo está Aroa?

viernes, 20 de septiembre de 2013

Hola a todos,

esta entrada no tiene más que un propósito informativo. Muchos me preguntáis por Aroa y me pedís que os cuente cómo va. Parece que el último medicamento que quedaba (los 5 anteriores no hicieron nada, solo daño) está funcionando. Hace unos días fueron a la revisión al hospital y esto es lo que contaba Aroa por boca de Inma, su mamá:


¡Hola a todos! ★☆★

Tengo bueníiiiiiiisiiiiiimaaaaas noticias: la analítica ha salido perfecta ,el electro también y han echo un frotis del hickman; estamos esperando que lleguen los resultados en dos o tres días. Los médicos se han puesto muy contentos de que coma tres papillas diarias, me han bajado la parenteral y me han alargado el tiempo de parada. Mis médicos están asombrados de mi mejoría pero también han advertido a mamá de que puede haber algún pasito para atrás, hay que estar pendientes.... pero aún así mis papás están CONTENTÍSIMOS... ¿y vosotros?

Son muy buenas noticias. Desde luego hace 9 meses la pequeña estaba ingresada y los médicos les daban pocas esperanzas. Hoy por hoy, aunque aún queda un largo camino, Aroa va mejorando y la familia junta ha comenzado una nueva vida en Madrid. Siguen necesitando ayuda, pero el solo hecho de que las cosas vayan mejor hace que se enfrenten al día a día con otro espíritu. Da gusto ir a visitarles A CASA y verles un brillo nuevo en los ojos, y no la tristeza que antes les tenía invadidos. Todo va mejor, ¡¡y mucho mejor que seguirá yendo!! El sábado 14 de septiembre Aroa cumplió un año, algo que sus padres llegaron a dudar que fueran a ver, y ¡¡aquí está!!

Y ya sabéis, si queréis saber de primera mano cómo sigue Aroa, o si queréis echarles alguna mano (siguen necesitando ayuda), visitad su página web AQUÍ.


¡¡ENHORABUENA POR LOS AVANCES, FAMILIA!!

SOS: ¡Se me escapa el niño del arnés de la silla del coche!

La primera vez que Mollete sacó los brazos del arnés de sujeción de la silla del coche pensé que sería algo puntual y que no sería tan habitual que los niños hicieran eso. Pero en cuanto le echas un poco de tiempo en internet y entras en blogs y foros de padres ves que es algo muy habitual. Me pareció un tema interesante como para tratar en el Iron blogger de Y papá también, y aquí está.

La verdad es que les entiendo perfectamente (a los niños, me refiero), porque no es nada agradable estar ahí aprisionado pegado al respaldo, cuando lo que quieren es incorporarse para mirar por la ventanilla, que es lo que hace principalmente Mollete. Pero lo que no me entra en la cabeza es que las diferentes marcas que hay que fabrican estas sillas de auto no hayan sido capaces de superar este problema y les parezca algo tan normal. Porque si cerca del 70% de los niños lo pueden hacer es que hay algo que falla en el diseño.


Da más rabia cuando te has gastado bien los cuartos en adquirir una silla de las que aparecen como seguras en las listas del RACE y similares: típica búsqueda padre-novato-preocupado que navega por internet horas y horas para buscar la solución a sus problemas, uséase, nosotros. Se hablan maravillas de Römer. Varios amigos estaban muy contentos con sus sillas, y como nos parecen gente cabal y con dos dedos de frente les hicimos caso y tras las horas de navegación 2.0 nos decidimos por esa marca. Y bueno, ya sé que no es problema de Römer en particular sino de casi todas las marcas de sillas en general.  En fin, que nos lanzamos a por una Römer Safefix, que por supuesto presenta este problema del escapismo infantil. Como es habitual en nosotros lo compramos en Amazon, donde los precios de los trastos infantiles son muchos más decentes de los que se gastan en España. De verdad de la buena, incluso con gastos de envío incluidos la mayoría de las veces merece la pena. Vale que depende del aparato en sí, pero nuestra silla costaba  por aquel entonces como 410€  es España y la compramos por 333€. Y oye, es un ahorro... Tanto que para un regalo posterior en abril del año pasado operamos del mismo modo... Ahora creo que están algo más baratas en España.


Una vez localizado el problema me puse a darle al coco y en mi mente apareció una solución muy sencilla que tenía que funcionar, pero antes de ponerme manos a la obra y emplear tiempo y poco dinero, y por casualidades de la vida, di con un aparatejo que prometía resolver mis problemas. Lo estudiamos bien y cierto es que aparentemente tenía los ingredientes para evitar que Mollete escapara del arnés. El asunto se llama 5 point plus. Es un trozo de tela reforzada que se pone por la espalda y se engancha a los tirantes del arnés por detrás y se enrolla por los tirantes de delante dejando solo un pequeño hueco para sacar los brazos, de modo que el niño no puede escapar de allí. Así dicho no os he aclarado nada, ¿verdad? Lo mejor es que veáis una foto:



¿Mejor? Como idea es muy ingeniosa y tiene que funcionar bien en la mayoría de los casos. Si os interesa podéis conseguirlo en Eureka kids por 40€ la talla 1 (18 meses hasta que cumple 3 años) y 36€ la talla 2 (3 años hasta que cumplen 5). Pero para nosotros tampoco sirvió, porque los tirantes de nuestra silla tienen una parte muy gruesa que no se puede cambiar de posición y el velcro del 5 point plus no se llega a cerrar, de modo que Mollete se salía igual. Al principio pensé en llevarla al circo como la nueva Houdini, pero luego me di cuenta de que poniéndoselo tan abajo como yo había hecho para que el velcro pudiera cerrar ella nuevo tenía muuucho espacio para salir de allí.

Total, que tuve que retomar mi idea casera primitiva, que no es más que una tela que se cierra con velcro por debajo, algo así:



Esa es la versión 1.0. Más simple que el mecanismo de un botijo, pero ahí está, que la niña ya no se me escapa. Y más económico. Bien de velcro para cerrar, y ¡¡listo!! Ahora la adornaré un poco viendo que funciona, por aquello de que sea algo más mono, pero vamos, eso ya no influye en absoluto en la eficiencia de la solución.

La maternidad de la A a la Z: Z de zenit

jueves, 19 de septiembre de 2013

Hoy no puedo comenzar de otra manera que no sea haciendo referencia a Miriam, nuestra anfitriona de esa casita morada que nos acoje siempre con un abrazo. Son unos días duros para ella y desde aquí quiero mandarle un abrazo grande, mullido y cariñoso. ¡Ohana, amiga!

La palabra que he elegido hoy es zenit. En parte porque sigo con mi empeño de quitarme las letras difíciles, pero lo cierto es que siempre me gustó. Estuvo muy presente a lo largo de mi carrera. Yo soy fí­sica y me especialicé primero en astrofísica y luego en geofí­sica (se ve que me daba pereza comenzar a trabajar). Cuando estudiaba las asignaturas de astrofí­sica era muy común hablar del zenit, que la RAE define como (bueno, en realidad te remite a cenit o cénit, pero la primera vez que lo vi escrito fue con Z y me sedujo: ¡una palabra que puedo escribir con z cuando corresponde con c! ¡qué chulo!):

(Del m. or. que acimut, por error de transcripción de los copistas).

1. m. Astr. Intersección de la vertical de un lugar con la esfera celeste, por encima de la cabeza del observador.

2. m. Punto culminante o momento de apogeo de alguien o algo. Está en el cenit de su gloria.

Imagen tomada de www.elcielodelmes.com

Bueno, no puedo afirmar categóricamente que esté en el momento más alto y más importante de toda mi vida, porque espero que me quede mucho por vivir, pero desde luego hasta ahora yo lo siento así. Estoy haciendo lo más maravilloso que una persona puede hacer: educar y criar a su hijo. Y me siento grande, gorda y alta, por el orgullo que me da ser madre de mi hija; por el amor que me da cuando echa sus brazos y me pide que la coja; por la dulzura con la que me acaricia cuando mama. Y por supuesto quiero más, me encantaría tener otro polluelo si a la madre naturaleza le parece bien. Supongo que entonces sentiré que he alcanzado un nuevo techo.

Y muchas veces, en esta materno-tarea, estoy más perdida que un pulpo en un garaje: son ya 18 meses pero sigo siendo novata y primeriza. Cada vez confío más en lo que hago y en mí misma, pero no faltan ocasiones en las que un consejillo es bienvenido. En esos casos suelo recurrir a mis amigas, pero en otras tantas ocasiones me siento y miro hacia arriba (de nuevo el zenit) buscando la mirada de mi madre, un susurro celestial que me dé pistas de por dónde ir. En ocasiones, aunque esté mirando al cielo, tengo la mirada perdida, desenfocada, porque estoy evocando e imaginando cómo se habría enfrentado ella a esa situación. Y normalmente acabo llorando, y paso de mirar al cielo a mirar al suelo (en astronomía el punto opuesto al zenit es el nadir, que es otra palabra que me parece preciosa, y que quiere decir homólogo), como si el mirar hacia abajo fuera a protegerme de las miradas curiosas, cuando en realidad nadie va a verme llorar, porque en estos momentos de búsqueda de inspiración suelo estar sola.


El zenit está relacionado también con la alegría. Hacia arriba me lanzo con los brazos extendidos y dando palmas cuando Mollete hace algo nuevo o cuando corrige algo que hizo mal. Ella se emociona y por supuesto que también se lanza hacia las alturas, imitando a mamá y mostrando que ella también está contenta por su pequeño gran logro. Subo extasiada como si tuviera un cohete en el culo por los avances de mi cachorra, que me parecen de premio Nobel. Supongo que maternidad y objetividad son dos palabras que están un poco reñidas...

Así que ha quedado demostrado: el zenit es un lugar muy importante para una madre. Por supuesto, en cuanto tenga ocasión, esa madre colocará en el zenit, por todo lo alto,  a sus hijos y sus hazañas, porque ellos son los más grandes, los más guapos y los más listos. ¿Que no?


Maleta de recuerdos

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Hoy he querido participar en la Maleta de recuerdos de Terenya. Estoy triste porque no he podido prepararlo bien, tan solo unas fotos como recuerdo del verano... Para la próxima edición haré algo mucho más trabajado. ¡Lo prometo!

Nuestra primera parada fue Santander. Recuerdos de años pasados, de juegos de infancia, de risas de la familia, de noches largas disfrutando de la compañía de los demás, de olor a mar y a rabas, de calma, paz y desconexión. En definitiva, de una terapia maravillosa para el cuerpo, la mente y en esta ocasión también para el alma.




La segunda etapa del viaje fue Biarritz. Un viaje corto porque Papá Mollete se puso malo y había que reponerse para reincorporarse al trabajo. Pero fueron unos días de disfrutar de los amigos y de las pequeñas. Siempre es agradable pasar unos días en compañía de Mamá y Papá Cacahuete y de Cacahuete :D




Por último, un verano más volvimos a Lamonzie-Montrastuc, cerca de Bergerac, en Francia. Es un sitio para conectar con mi madre de una manera especial. Allí tuvimos nuestro último verano como una feliz familia antes de que la sombra de la recaída del cáncer nos cubriera. Fueron 7 días muy intensos donde saboreamos cada minuto de la vida, pues veníamos con la lección bien aprendida después de unos meses de sufrimiento. Vivimos y sentimos más cosas en 7 días que en muchos años de nuestras vidas. Y cada verano que volvemos es recuperar la conexión con todo lo vivido.





150 palabras: El embrujo del duende narizotas (piedras, flores, palo)

domingo, 15 de septiembre de 2013

Sofía esperaba encontrar, al girar tras el sauce llorón, el montón de piedras de colores que indicaba que iba por el camino correcto. Se apoyaba en su gran palo porque le ayudaba a caminar. En la mochila había metido un bocata de queso y tomate y una gran cantimplora de agua para reponer fuerzas.

Tenía que llegar a la casa de caramelo y jengibre antes de la media tarde para poder salvar a sus amigos: el unicornio de cristal, el hada de las flores, el mono trompetista y el papagayo con manos. Si no llegaba a tiempo podrían desaparecer para siempre por el embrujo del duende narizotas, que tenía envidia de ellos porque eran siempre muy alegres.

Pero no aparecían las piedras y la noche cerrada se echaba encima. Tenía miedo, corría, la angustia le empezaba a invadir… y menos mal que mamá le llamó para ir a la guarde.

La maternidad de la A a la Z: E de empatía

jueves, 12 de septiembre de 2013




Escribo esta entrada el último día de julio, con la tragedia del accidente del tren Alvia aún muy reciente. No hace ni una semana. Lo publico ahora, en septiembre, porque ha habido parón vacacional en el diccionario de la maternidad de Verónica Trimadre a los 30, pero nos va a dar la oportunidad de publicar más de una entrada cada día de carnaval para que todos podamos acabar nuestro propio diccionario, y así poder recuperar si no hemos podido publicar alguna semana o hemos repetido letra (sí, algunas somos así de listas...).

Ya lo sabéis, pero lo recordaré por si hay alguien que se haya perdido algún capítulo: perdí a una buena amiga en el accidente. Por supuesto sentí muchísima pena y lloré por ella (tras pasar el estado de shock de "esto no puede ser; no ha pasado"). Pero lo curioso es que, además del dolor por su pérdida, enseguida pensé en su madre. La empatía se apoderó de mí y no podía dejar de pensar en lo destrozada que estaría y en lo sola que se quedaba.

Todos somos conscientes de que enterrar a un hijo no es natural y de que debe de ser dolorosísimo. Hay personas que nunca se recuperan de semejantes golpes. Cualquiera de estos casos es muy duro. Pero yo pensaba en particular en esa madre que había sido abandonada por el padre de su hija cuando nació, dejándola sola. Esa mujer luchadora que hizo lo divino y lo humano (como cualquier padre normal hubiera hecho) por sacar a su hija adelante y que tuviera una vida feliz y sin carencias. Y esa madre entregada, de pronto, recibe un zarpazo de la vida, que decide que su hija debe irse. Y es tremendo el dolor desgarrador que me invade, el sufrimiento, rabia y desesperación, y lo peor es que soy consciente de que no será ni un 10% de cómo lo tenga que estar pasando ella. Así que eso me hunde aún más.

Fue tremendo ir al funeral... no nos conocíamos de nada, pero le dije quién era y fue ella la que me contaba cosas de mí misma. ¡Cuánto le había hablado E. de mí! Menuda muestra de amor me estaba dando mi amiga, incluso después de fallecida. Pero yo me fijaba en esos ojos que estaban vacíos,  que veían sin mirar, como buscando algo, tal vez un motivo, que no iba - ni va - a encontrar nunca. Me sentí ella, como madre. Nos fundimos en un abrazo, reconfortante para ambas, y con eso quedó todo dicho. 

Desde que somos madres nos ponemos inmediatamente en el lugar de las otras, sabemos por lo que están pasando y lo que necesitan en determinados momentos. Me parece una fuerza de unión maravillosa, aunque a veces lo que remueva sea dolor y llanto. Ahí está en especial nuestro Ohana, expresión extrema de este sentimiento de empatía, y del que me siento más orgullosa cada día de formar parte. ¡Gracias a todos por estar ahí!



Felizmente premiados

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Pues cuando ya pensaba que los premios habían acabado para mí porque supuse que como todo, las cosas cansan, me han dado algún premio más, ¡¡y me ha hecho mucha ilusión!!

Mamá Nenúfar me ha concedido el Felizmente premiado otro más, y me ha hecho la misma ilusión que los premios anteriores: ¡¡muchísima!!


Me parece además un premio muy original. Lo ha creado Felizmente atado; y se trata de que sean nuestros hijos los que nos cuentes cosas sobre ellos mismos. Y advierte de que si se rompe la cadena los niños se agarrarán una rabieta de las que hacen época, así que, por favor, los premiados no sean remolones a la hora de recoger sus premios porque miren lo que puede ocurrir (sin duda alguna esto fue lo que me decidió a mí a recogerlo).

Pues vayamos por partes: primero la entrevista con Mollete. Aquí va un poco sobre ella:


Tenemos algún premio más, que no he podido ir recogiendo por las vacas. Luna lunera nos ha entregado un doble premio, que aunque ya teníamos recogemos encantados porque nos hace muy felices: el Liebster Award y Best Blog Award.





Tenemos que responder a las 11 preguntas que nos hace, y a su vez nosotros redactaremos otras 11 para los siguientes blogs. Asimismo Mamá a cuadros también nos concedió el Liebster Award y tiene 11 preguntas más. Allá van todas juntas:

1. Vuestra lactancia es... muy satisfactoria. Una "excusa" para estar juntas. Ante ella nadie puede decirnos nada.

2. Tu maternidad... ha sido un regalo que me ha mostrado que otra manera de amar es posible.

3. ¿Eres feliz? ¡Mucho!

4. Si tuviéras un poder ¿sería? Quitar el sufrimiento. ¡No soporto ver sufrir a la gente! Es que me destroza, de verdad... no sé porqué lo paso tan mal... pero es que me hundo y lloro.

5. Luna... ¡Creciente! Hay que ser optimistas en esta vida.

6. ¿Tienes mascota? No. De pequeña quería, pero ahora veo que hay que darle unos cuidados y atención que no puedo darles. Y me encantan los animales, pero no creo que yo les pueda atender en estos momentos como se merecen.

7. ¿Te gusta viajar? ¡Lo disfruto muchísimo! Creo que es mi afición favorita. Aunque ahora, con la peque, se acabó el viajar como lo conocía antes. Por lo menos por un tiempo...

8. ¿Cuál es tu momento favorito del día? Las tardes, porque es cuando vuelvo a estar con mi niña del alma.

9. ¿Por qué escribes un blog? Para soltar las cosas. Si no, se me van acumulando en la cabeza y eso no es sano, proque muchas veces me retroalimento negativamente. Si lo saco y lo comparto me siento mejor porque hay mucha gente que se siente igual y te ayuda a comprender. Y se aprende muchísimo. ¡Viva nuestro Ohana!

10. ¿Qué otras cosas haces? Antes leía mucho. Ahora eso es más complicado, pero todo llegará. Me encanta la costura (yo creo que lo heredé de mi abuela, que era costurera...). Y voy al fútbol :D

11. ¿Qué significa para ti este premio? Pues me hace mucha ilusión porque significa que hay gente que te lee, con la que puedes compartir y como decía antes, desahogarte y aprender. ¡Muchas gracias!

12. ¿Por qué decidiste hacer un blog? Me remito a la pregunta 9.

13. ¿Cuál es la principal cualidad que buscas en un blog? No busco nada más que el que me llegue. Puede ser más personal, más profesional, más técnico o de andar por casa. Si lo que cuenta me gusta o esa persona me transmite, ahí me quedo.

14. ¿Cuándo y cómo decidiste ser madre? No puedo referirme a un día en concreto. Sé que es algo que siempre he querido y mi pareja también, así que decidimos que llegara cuando fuera.

15. ¿Cómo le diste la noticia a tu pareja de que ibais a ser padres? No le di la noticia porque hicimos juntos el test de embarazo. Y como sabíamos que podía llegar en cualquier momento no hubo factor sorpresa de por medio.

16. ¿Cuál crees que ha sido el mejor artículo que has comprado a tu bebé y el más innecesario? El más innecesario la silla de paseo. Lo he hecho porque a veces hay gente que se queda con la nena y no tiene porqué querer portear. Pero vamos, que yo casi la uso más para subir la compra... Y el mejor... creo que uno de los mejores, porque no sabía que existían, ha sido la hamaquita de tela de toalla para apoyar a los bebés cuando les bañas, que si no se escurren como peces...

17. ¿Cuáles son las aficiones más destacables de papá y mamá? A papá le encanta la electrónica, y eso es algo muy beneficioso para la familia entera, jeje. Mamá es más de leer, coser y viajar.

18. Un lugar a donde siempre quisiste ir. Nueva Zelanda y Laponia. Y he estado en ambos. ¡Soy una afortunada! Pero como me encanta viajar siempre hay sitios a los que me encantaría ir. Por ejemplo Nueva Orleans. 1, 2, 3, ¡responda otra vez!: Nueva Orleans.

19. Un proyecto que siempre quisiste hacer (a parte de la maternidad): tener un huerto. ¡Y es mi próximo proyecto! Ya os contaré dentro de poco...

20. ¿Cuál crees que es el mayor valor que debes inculcarle a tu hijo? No creo que haya solo uno, son tantos... pero quizá quisiera que siempre pensara por sí misma y fuese crítica con todo, para que sea ella la dueña de su vida y actúe en consecuencia.

21. ¿Has logrado conciliar tu situación laboral con la maternidad? Sí. Afortunadamente en mi trabajo me han dado muchas facilidades. Aunque hay siempre cosas que mejorar, pero no me puedo quejar en absoluto.

22. Tres consejos que les darías a las futuras mamás o a las mamás novatas:
1. Seguid vuestro instinto. Funciona.
2. No hagáis caso a TODO lo que decimos las demás. Cada niño y cada familia es un mundo: lo que funciona para unos no funciona para otros. Los consejos están bien en su justa medida, y pedidlos si lo necesitáis. Pero no nos volvamos locos...
3. Oídos sordos a los que quieran llevar vuestra maternidad por vosotras. Es vuestra familia.

Como son muchos premios diferentes lo que voy a hacer es nominar a varios blogs a los 3 y que reciban el que no tengan. Y si los tienen todos (¡qué afortunados!) que contesten a las preguntas que yo voy a hacer para así conocernos un poco más. ¿Os parece?

Mis premiados son:

Porque la acabo de redescubrir tras un tiempo "sin tiempo": Mamá a cuadros

Porque siempre aprendo cosas nuevas: Mamá qué sabe

Porque me llena con su ternura (¡solo el nombre de su blog lo dice todo!): Quiero vivirte

Porque Pao me encandila cada vez que la leo: Mi mundo es Muriel

Porque me parto con ella y me encanta las verdades que dice: La morada de Nieves

Porque todo lo que escribe le sale de dentro, de sus entrañas, y dice las cosas como son: Feliz en brazos

Porque adoro la naturalidad con que cuenta las cosas, es como si estuviésemos charlando y eso me encanta (¡y por su sonrisa!): Diario de una madre

Porque me gusta y me da la gana (¡y me encantó su sorteo, que me tocó!): Mamá Nenúfar

Porque son el nuevo descubrimiento del verano: El blog de mamá Pepita y Luna Lunera

Porque me encantan sus entrevistas: El rincón de Mixka

Porque me gustan los padres blogueros y su tienda de té: Padre en reducción

Y ahí van mis 11 preguntas:


1. Un olor que te transporte al pasado
2. Un sonido que te tranquilice o relaje
3. El nombre que quisiste ponerle a tu hijo pero que tuviste que cambiar porque al papá no le gustaba
4. Hermanos: ¿les vestimos iguales o no?
5. ¿Vacaciones de verano o de Navidad?
6. ¿En qué te hubiera gustado trabajar si no estuvieras haciendo lo que haces ahora?
7. ¿Números pares o impares?
8. ¿Cantas en la ducha?
9. ¿Cuál es tu día de la semana favorito?
10. ¿Puedes mover las orejas?
11. Un vicio inconfesable...


El porteo y yo: mochila-dependencia.

martes, 10 de septiembre de 2013

Ya he comentado muchas veces que antes de nacer Mollete sabía que quería portearla, porque estaba deseando tenerla todo el día entre mis brazos. Y al principio lo hice mal por desconocimiento, pero enmendé mis errores. Esta historia puedes verla aquí.

El caso es que soy una adicta al porteo ¡hasta el punto de casi volverme loca estas vacaciones por no tener la mochila! Bueno, no exageremos, pero es verdad que ha supuesto un gran contratiempo. Hemos estado una semana en Francia, de relax. Nuestro día a día consistía en ir cada mañana al mercadillo del pueblo que tocara y comprar allí los alimentos frescos para comer ese día. En parte porque la nevera de la casita a la que vamos es mínima, y en parte porque da gusto ver las verduras y frutas que tienen allí en verano, aunque no os lo creáis. Por ejemplo, las mejores fresas que he comido en mi vida ¡y no será porque yo no coma en mi día a día producto patrio! Pero nada que ver...


El caso es que al segundo día, al llegar a casa y bajarnos del coche, ¡ZAS!, pillamos la mochila con la puerta y nos cargamos una de las mitades del broche de la cintura. Pues menudo fastidio, porque para ir por los mercadillos la silla es un auténtico infierno, por toda la gente que hay, la niña ahí abajo sentada con hordas de personas sobre su cabeza, y trotando por las magníficas calles empedradas de los preciosos pueblitos franceses.

Así que de verdad que me sentí como manca. Sin ser trágicos, se hizo realidad una vez más lo de no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes...

Ahora andamos buscando un broche igual de modo que sólo haya que sustituir la parte que no va cosida, que es la que se ha roto. La parte intacta está perfectamente cosida y amarrada y descoserla sería cargarse la mochila, seamos realistas, por muy apañada que sea una...


Por el momento hemos tenido suerte y hemos encontrado en casa de mis suegros uno similar de una maleta (ya era difícil, porque el tamaño del broche es bien grande), pero no es la solución definitiva porque ahora ¡no podemos usar la maleta! Está claro que una vez acabadas las vacaciones usaremos más la mochila de porteo que la maleta, pero lo suyo sería arreglarla bien y dejado todo niquelado, mochila y maleta.

Así que si alguien sabe de una tienda de broches en Madrid o por internet, estaría encantada de que me lo dijera. ¡Gracias!


Las tallas de los zapatos de niños: yo no me aclaro...

domingo, 8 de septiembre de 2013


Hace unos días le vi algo del Iron Blogger a Moi de Mis dos monstruitos, pero como andaba en el "extranjurio" (que decimos en mi casa) sin casi cobertura de wifi lo leí deprisa y corriendo y no me enteré de mucho. Pensé que sería otra locura divertida de este chico. Pero resulta que es una idea de Y papá también, que consiste en publicar una entrada por semana y si se falta a este compromiso se donan 5€ a una ONG. Buen plan, ¿verdad? Aquí podéis ver un poco más acerca de esta idea. Y como a mí el hierro me viene bien, que ando siempre al borde de la anemia, decidí unirme. Y vamos ya al tajo.

Nunca nunca nunca, jamás de los jamases, me gustaron los pies: la mayoría son feos, con dedos que no se sabe si tienen vida propia, pelos y huelen mal. Por eso siempre he adorado los calcetines: tan suaves, cariñosos, con colores vivos para alegrar esas tristes extremidades. Incluso en el trabajo llevo calcetines de animalitos y divertidos, porque allí somos un poco... ¿cómo puedo decirlo? ¿Hippies? Aunque una vez un jefe nos dijo que deberíamos de vestir acordes al edificio histórico en el que trabajábamos; a lo que un compañero reflexionó que quizá deberíamos ir a trabajar con levita. Pero esa es otra historia...



Pero al nacer mi hija me entró un amor desorbitado por sus pies: besos, mordiscos, caricias, cosquillas... y a ella le encanta y en cuanto puede me planta el pinrel en la boca. Aún me sigue gustando jugar así a pesar del cacho peana que se gasta la gachí, con sólo 18 meses.

Pero no todo el monte es orégano en el mundo del babypinrel: ¿alguien con más hijos y experiencia puede darme algunas pautas para seguir su crecimiento? Tan pronto están quietecitos sin crecer como les da por alargarse a todo meter. Yo no sé nunca qué esperar.

Y además, ¡señores, no hay manera de comprar un zapato a ciegas!, como se hace con los pantalones o camisetas. Sí, ya sé que un zapato no se debe comprar nunca de oído, pero a veces ves unos ideales y baratos y te quieres lanzar. Y si en un adulto te puede bailar un número el zapato, en un bebé... ¡A mí me ha pasado hasta 3 tallas! No me desesperaba tanto con las tallas desde que sacaron aquel estúpido estudio (que nunca sirvió para nada) acerca de la forma del cuerpo de las mujeres: la mujer pera, la cilíndrica y no recuerdo cuál otra. Algo así como la diábolo. Bien, pues con los zapatos de las niños, que la misma talla de dos tiendas diferentes se parezca es mera casualidad. Total, que cuando hay que comprar zapatos termino cogiendo para probarle desde 2 tallas menos de la que lleva, a 2 más, con la esperanza de que el zapato le dure algo más de tiempo. Porque llevamos estos 3 meses de verano comprando zapatos de manera continua. Y no exagero ni un ápice.



Y para colmo ¡esos precios que se gastan! Hemos vuelto de Francia cargados de zapatos, que costaban entre 7 y 10€, para intentar ahorrar un poco este otoño. Porque con lo que nos hemos gastado en zapatos en España este verano se pueden organizar las Olimpiadas de Madrid 2024.


150 palabras: En el más allá

En el relato de hoy vuelvo a recordar a mi amiga E, que falleció en el accidente de tren de Santiago. Y es que, como dice Marta de Diario de algo especial, el diccionario es caprichoso y ha elegido estas palabras: audaz, peldaño y descarrilar.

Al final de nuestra vida vamos a vivir para siempre a un sitio mejor. Sofía sabía que esto le había ocurrido a la tía E al descarrilar el tren en el que viajaba.

Las personas que van a este paraíso tienen que subir una escalera muy larga, peldaño a peldaño, unos más rápido y otros más despacio, porque hay que sopesar las cosas que se han hecho mal. Algunos llevan una mochila cargada de cosas malas. Y es que todos, absolutamente todos, pueden ir a este lugar paradisíaco: el simpático, el divertido, el audaz; altos y bajos, guapos y feos. Pero incluso los tristes, aburridos y malos, porque todos nos convertimos al final en buenas personas.

Es un sitio con grandes jardines por los que correr y muchas pelotas con las que jugar. Cometas, playas, serpentinas. Chocolate con churros y bocadillos de tortilla. No es tan mal sitio para quedarse.

La maternidad de la A a la Z: K de kiwi

jueves, 5 de septiembre de 2013


Y aquí estamos, recuperando letras, gracias a que Verónica es más maja que las pesetas.

Bueno, esta palabra tiene mucho sentido en la historia de mi maternidad. Y es ahora cuando empiezan las preguntas de porqué...

Lo primero que pensará mucha gente es antojos, ¿verdad? A esta pobre mujer, en las noches en que no encontraba posición para dormir, le entraba una tremenda necesidad de comer kiwis. ¡Y para colmo amarillos! El pobre Papá Mollete se levantaba en busca de una tienda 24h que tuviera kiwis y... ¡¡Nada de eso!! La verdad es que no tuve ni una sola mala noche. Bueno, solo una. Pero no fue ni al tercer mes de embarazo. Y fue mala solo porque me desperté ¡¡del hambre que tenía!! Eso no me había pasado en la vida... Y es que además tampoco tuve ningún antojo. Lo cierto es que tuve un embarazo de lujo. Lo único que cambió es que cada día tenía un poco más de barriga y que algo se movía dentro. ¡Y no era el hambre!, jajaja.

Imagen de http://www.blup.fr

Descartados antojos... ¿qué podrá ser? ¿Se referirá al pajarraco ese que vive en Nueva Zelanda? El apteryx (no confundir con Astérix, que ese es el irreductible galo. ¡Cómo me gustan esos cómics!) es un pájaro del tamaño de una gallina que ni vuela ni tiene casi alas. ¡Pues vaya timo de pájaro! Es originario de Nueva Zelanda, como ya he dicho, y su nombre, la palabra kiwi, viene del maorí, que es el idioma de los indígenas de esas islas, que también se llaman maoríes (a los que, por otra parte, impresiona muchísimo verles bailar la haka -¡señor, cómo me estoy yendo por las ramas en esta entrada!-). Como iba diciendo, kiwi es una onomatopeya del canto de este pájaro. Por las fotos que voy colgando ya muchos sabéis que me fui de viaje después de casarme a Nueva Zelanda (también sabéis lo poco que me gusta llamarlo viaje de novios o luna de miel). Allí habría tenido la oportunidad de ver kiwis... ¡¡y no vi ni uno!! No quise ir a granjas a verlos. Sé que perdí la oportunidad, pero yo y lo de ver animales en cautividad... lo llevo muy mal. Así que el kiwi-apteryx tampoco tiene cabida en esta historia.

Imagen de Catai Tours

Y bueno, veamos a qué se refiere la palabra kiwi...

Desde que nos casamos, e incluso un poco antes, Papá Mollete y yo teníamos muy claro que seríamos padres en cualquier momento, cuando decidiese llegar. Mucha gente dice que necesita vivir un tiempo en pareja, disfrutar de esa nueva etapa... y yo lo respeto y me parece estupendo, pero a los dos nos picaba el gusanillo de la paternidad mucho muchísimo. Además nuestros amigos ya iban teniendo hijos y nos parecía que nos apetecería más participar en sus planes si nosotros también teníamos niños.

No habíamos podido casarnos antes por la enfermedad de mi madre, así que de algún modo llevábamos algo de retraso respecto a lo que nos hubiera gustado hacer en nuestras vidas y por eso no queríamos tampoco posponer más el tema de los hijos. Además me conozco y soy más vaga que la chaqueta de un guardia y plenamente consciente de que cuanta más edad tuviera, menos paciencia tendría con los churumbeles.

Y nada, la verdad es que fue visto y no visto, quiza por esa tranquilidad de que llegara cuando quisiera: la enana vino a la primera de cambio. La cuestión es que cuando decíamos para cuándo nacería la peque, la gente echaba cuentas y nos preguntaba si era kiwi. Para los que lo desconozcáis, a los nativos de Nueva Zelanda se les llama también kiwis (además de neozelandeses). De hecho, para hablar de la fruta, dicen kiwi fruit, porque la primera acepción es para las personas. Así que es aquí donde entra la palabra kiwi en la historia, porque nos hicieron esa pregunta muuuchas muchas veces. 

¿Y la respuesta? Pues la respuesta, para decepción de la audiencia, era que no. Que es una chula de cabo a rabo.

La maternidad de la A a la Z: W de wasabi



Es la semana del retorno, poco a poco. Me doy cuenta de que estoy aún poco profunda, vamos, hecha una frívola superficial, pero es que mientras escribo estas frases estoy aún de vacaciones ¡y no se le pueden pedir peras al olmo!

Entramos en la segunda fase del Diccionario de maternidad ideado por Vero Trimadre a los 30, y que estamos completando y enriqueciendo entre muchos miembros de la blogosfera paternal. Yo vengo con deberes. Madre mía... yo, que en el cole nunca me quedó nada para septiembre, me veo aquí recuperando entradas de La maternidad de la A a la Z, y todo por no caer en la cuenta de que no se podían repetir letras. Ains...

Y sí, ya sé lo que algunos estáis pensando: en la carrera sí llevé alguna que otra para septiembre, morbosos todos.

Me siento frente al ordenador y todo lo que alcanzo a decir de primeras es: Ay, madre. ¡Qué listo fue Moi quitándose de encima las letras más complejas primero! Un crack, pero eso ya lo sabéis todos...

Y como digo, estoy aún sin aterrizar del todo, así que no seáis demasiado exigentes con servidora... iré cogiendo fondo con la palabra wasabi, ya que la decisión de ser padre implica poner un poco de wasabi en tu vida, o lo que es lo mismo, un poco de picante.

Cada día ¡es una aventura! Me vais a decir que no... no importan los planes que tengas, porque pueden venirse abajo por múltiples causas. Nos ha pasado a todos. O simplemente te suceden cosas "diferentes" y divertidas. Y eso que Mollete solo tiene 18 meses. Imagino que los demás tendréis mil anécdotas que contar.

Para picante, esta niña. Que ahora nadie sabe porqué, le ha dado por ir tocando las partes íntimas ajenas. Supongo que porque empieza a descubrir su cuerpo y querrá comprobar que los demás estamos hechos igual, pero hija mía... ¡¡no se le puede ir tocando el culo a la gente por ahí!!

Sin contar, claro, con cuando te mete la mano en el escote porque quiere mimitos y teta... y como ella no entiende de lugares o momentos apropiados o no, lógicamente, te mete mano cuando a ella le parece. En realidad, matizaré, no tengo ningún reparo en darle el pecho a mi hija esté donde esté, o esté con quien esté. Solo que la carcajada suele ser general en el entorno cuando se pone a estrujarme el pecho...

Y pica pica... ¡¡pica pica pollito!! Su canción fetiche. Nosotros no cantamos la versión dulce y vamos a decir popera del Pica pica pollito... es que la aprendimos de oídas y la adaptamos un poco a nuestra manera de ser. Con el tiempo hemos oído la canción original y digamos que la nuestra a su lado queda un poco heavy, como dicen unos amigos nuestros.

Así que, por unas cosas o por otras, tenemos mucho pica-pica en nuestro día a día. Pero en realidad los 3 somos un poco como el grupo de música: sweet wasabi.